lunes, 2 de octubre de 2023

Apareció el Anuario 2023 del IRI donde publiqué el siguiente articulo sobre uno de los últimos tramos de la Política Exterior de Alberto Fernández: "Presentación de los Informes Anuales de Política Exterior del gobierno argentino: ¿el cenit de la gestión? (marzo 2022 – marzo 2023)"



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domingo, 1 de octubre de 2023

Eric Hobsbawm: historiador, testigo y actor


Este artículo lo escribí para la página de la UNLP hace once años cuando falleció Eric Hobsbawm, como ya no está disponible allí, pensé que sería bueno en este nuevo aniversario de su muerte compartirlo con ustedes.



Escribir unas líneas ante la desaparición de Eric Hobsbawm no nos resulta algo sencillo, ya que nos hemos formado en sus innumerables textos académicos, entrevistas y opiniones que fueron un faro intelectual inexcusable para pensar el tiempo presente.

Porque no es posible hoy hablar de la historia contemporánea sin hacer referencia a su obra. Y ella es producto no sólo de su eximia labor académica, sino también cómo ella fue trabajada cuidadosamente con su compromiso político y personal.

No podríamos esperar otra cosa de un atento y agudo lector de Marx, sobre todo en lo que se refiere al rol de los intelectuales, no como meros analistas sino como un actor fundamental para transformar la realidad.

Esta misión asumida tempranamente en el Grupo de Historiadores Marxistas, junto a otros grandes del Olimpo historiográfico como Maurice Dobb, Christopher Hill, Edward Thompson entre otros, cuando la reputación de esos estudios en Gran Bretaña no gozaba de la aceptación que luego alcanzaron, gracias a esas acciones.

Desde lo que podríamos llamar su obra menor, compilada en sus trabajos Rebeldes primitivos, Revolucionarios y Bandidos, sus análisis se concentraban en las formas de expansión del capitalismo y las innumerables resistencias generadas por ella, y que marcaron toda su producción.

En esa misma línea podemos ubicar sus obras mayores, la historia del largo Siglo XIX (en sus libros La era de las revoluciones, La era del Capital y La Era del Imperio) y su contraparte El Siglo XX, breve y cruel, son parte de su proyecto análisis del ascenso y caída del proyecto burgués decimonónico y su transformación en la centuria pasada.

Incluso su compilación más política, Análisis para una Izquierda Racional, se inscribe dentro de este plan, el de generar una alternativa al pensamiento neoconservador vigente desde los ochenta.

Y se podía esperar menos de alguien que había nacido en Egipto, hijo de padres austriacos y británicos, un verdadero producto de la Era Imperial, y un testigo privilegiado del siglo pasado en eventos como el ascenso de Hitler al poder, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y su final.

Historiador, testigo y participe son sus cualidades más notables y que le otorgan a su obra un lugar de referencia ineludible.

Escribió desde la esperanza de la construcción de una nueva sociedad que supuso la llegada de la Revolución Rusa y ante una realidad que se mostraba esquiva para ello, que le permitió sortear los tiempos oscuros: los del ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, los del macartismo y la guerra fría, los del neoconservadurismo y los nacionalismos extremos de fines del siglo XX. 

Pero estas dificultades, lejos de desanimarlo, reafirmaron su convicción en el ineludible rol político de los historiadores, y tal vez principal enseñanza, el de la búsqueda incansable de la verdad.


sábado, 2 de septiembre de 2023

miércoles, 30 de agosto de 2023

Uno de los placeres que me he dado este año, en medio de tanta desazón, poder haber escrito para el Archivo Digital de José Luis Romero (@jlromerohist)  sobre sus concepciones del tiempo.


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Apareció en la publicación continua de Relaciones Internacionales mi artículo "La insoportable persistencia de la Autonomía: esbozos de una mirada panorámica a cuarenta años de política exterior argentina y democracia (1983-2023)" 

Alfonsín en la Casa Blanca afirmando el principio de no intervención ante Ronald Reagan (1985)

lunes, 26 de junio de 2023

Un nuevo aniversario de la UCR

La nota que sigue a continuación la escribí hace unos 22 años y fue publicada en el diario El Día de La Plata, aunque creo que mis temores allí reflejados se cumplieron desde la nefasta convención de Gualeguaychú, sigo teniendo esperanza que en algún momento el radicalismo recuperará la senda de ser un partido progresista, popular y democrático.


Desde su nacimiento un 26 de junio de 1891 buscó garantizar la participación ciudadana como un instrumento para la construcción de la democracia.

El proceso de modernización empezado a mediados del siglo XIX llevó a insertar al país en la economía internacional y esto transformó su propia estructura interna pero, los grupos oligárquicos que lo llevaron adelante, desatendieron los cambios sociales y políticos.

Así, hombres como Alem, Yrigoyen y otros tantos iniciaron desde fines de la década de 1880 una serie de eventos que culminaron con la Revolución de Parque con el fin de modernizar las estructuras políticas y permitir el acceso de los sectores populares al poder que les era negado por las élites.

A través de sus banderas de intransigencia, abstención y revolución, el radicalismo logró quebrar la resistencia del régimen conservador para transformar la legislación electoral y lograr en 1916 la llegada al gobierno de Yrigoyen.

La democracia inaugurada por el caudillo de Balvanera, no estuvo exenta de tensiones, pero tuvo clara la necesidad de buscar las mejoras que los sectores populares reclamaban, como así también, una nueva inserción internacional para la Argentina.

Pero estos cambios, no fueron tolerados por los sectores conservadores que conspiraron con los militares y generaron el golpe de 1930 que inició una etapa de desestabilización política que se extendió hasta 1983.


Desde la recuperación de la democracia, y la llegada de Raúl Alfonsín al gobierno, podemos decir que se estabilizó la situación política pero los cambios ocurridos durante esa década y la anterior en el escenario económico internacional, llevaron a un proceso de erosión del Estado-Nación a favor de los mercados financieros globales. La pérdida de poder de este Estado produce un deterioro de la calidad de su democracia.

La estabilización política no fue suficiente, ya que ese proceso de erosión afectó la capacidad de decisión de los países produciendo fuerte presiones, como aquí ocurrió a fines los ochenta con la crisis hiperinflacionaria. Y si a este fenómeno le sumamos la destrucción sistemática del Estado durante la década menemista que terminó poniendo la decisión política de nosotros los ciudadanos en manos de agentes bursátiles y financieros internacionales que privilegian la ganancia rápida y volátil frente a la necesidad del crecimiento de la economía nacional y un esquema de una más justa redistribución de la riqueza.

El radicalismo desde el gobierno de la Alianza debio crear los mecanismos para limitar esta acción que erosionan a la democracia, y asumir los nuevos desafíos para la construcción política y que ella no se convierta en una mera ficción.

Los desafíos son los de vencer día a día a la voluntad de los mercados que revierten la decisión popular manifestada en las elecciones. Por eso es importante crear instrumentos que permitan cambiar esta situación que limita y distorsiona a la democracia y proponer una verdadera democracia participativa que permitan a la sociedad civil lograr sus objetivos sin interferencias de los intereses del mercado. Obviamente para el logro de estos fines, los partidos que deben modernizar sus estructuras en función de la nueva sociedad y que estos permitan un mayor contacto con ella.

Estos son sólo algunos de los desafíos que el radicalismo tiene por delante para la construcción de una democracia que como decía Yrigoyen "no consiste sólo en la garantía de la libertad política: entraña a la vez la posibilidad para todos para poder alcanzar un mínimun de felicidad siquiera".

jueves, 22 de junio de 2023