En este Blog encontraran información sobre política exterior argentina y politica internacional contemporanea producida por el Dr. Alejandro Simonoff
miércoles, 28 de abril de 2021
A propósito de los treinta años del Mercosur
viernes, 12 de marzo de 2021
domingo, 14 de febrero de 2021
Con motivo del fallecimiento de ex Presidente Carlos Menem, comparto con ustedes una nota que escribí en 1998 sobre las implicancias de la participación argentina en la Guerra del Golfo en la revista Convicción en el desarrollo social y la democracia.
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| Tapa Revista Humor 1992 |
TAMBORES DE GUERRA: LA ARGENTINA FRENTE A LA NUEVA CRISIS DEL GOLFO
viernes, 1 de enero de 2021
lunes, 30 de noviembre de 2020
35 años de la Declaración de Foz y la alianza argentino-brasileña
Dr. Alejandro Simonoff
Desde su creación el Mercosur se constituyó en
un útil instrumento de política exterior argentina para permitirle a las
diversas administraciones sortear las tensiones generadas en el triángulo con
Estados Unidos y Brasil en el que se hallaba inmersa.
Este esquema triangular fue producto de una
“maduración conceptual” de nuestra política exterior donde el rol de Alfonsín fue determinante por dos cuestiones
fundamentales que la habían caracterizado hasta ese momento: 1) no puede existir una oposición
visceral, ni un alineamiento acrítico hacia los Estados Unidos; y, 2) el
impulso de una política cooperativa hacia América Latina, con eje en Brasil.
(Figari, 1993)
La primera cuestión se orientó a hacia
construir una relación madura con Estados Unidos, con un punto de equilibrio
entre los modelos occidentalista y latinoamericanistas que confrontaron durante
gran parte de la Guerra Fría. Pero esta nueva orientación no sería completa sin
tener en cuenta la nueva disposición cooperativa hacia la región con acento en
Brasil, cosa que en el pasado no ocurría, ya que las primeras presumían la confrontación regional.
Si existió un
elemento de continuidad en la política exterior argentina desde 1983, este fue
la estructura triangular que puso al tope de nuestra agenda a Washington y
Brasilia -utilizándolos como contrapesos-, en un marco predominantemente cooperativo,
dejando a un lado las oscilaciones del pasado.
Las diferencias
estuvieron en los sentidos en los que se utilizó dicho triángulo, con dos
tendencias predominantes: la primera, la autonomista, que consistió en buscar
márgenes de maniobra en el escenario internacional, como ocurrió durante los
gobiernos de Alfonsín, Duhalde, Kirchner y Fernández de Kirchner que apuntaron
a establecerlas con países de similares recursos y valores; y la segunda, las
occidentalista o que privilegió la relación con la potencia hegemónica, en las
administraciones de Menem y de la Rúa. Si bien en principio las
administraciones de Mauricio Macri y Alberto Fernández pueden ser ubicadas como
globalista y autonomista, respectivamente, el nuevo marco lleva a repensar
tanto las estrategias como los instrumentos para su concreción.
Inicialmente
existieron fuertes condicionantes, como el endeudamiento que generó la
necesidad de acercarse a Washington para conseguir apoyo financiero, ya sea
unilateral o de los organismos multilaterales que controla, lo que ocasionó una
tensión en la búsqueda de un mayor marco autonómico. La primera opción también
tuvo sus dificultades, ya sea por las transformaciones del sistema
internacional, o por los de algún actor relevante para éste, como Brasil, y que
nos pueda llevar hacia una “doble dependencia”. (Figari, 1997)
La relación con
Brasil, debemos verla en el marco de un proceso de integración selectiva que
reconoció un mismo origen con el giro realista de 1985: el fracaso del Consenso
de Cartagena para el tratamiento de la deuda externa. Para que existiera el Mercosur
fue necesario la construcción de una alianza entre Argentina y Brasil, que más
allá de las cuestiones económicas y comerciales que sostuvieron su base
material, [1] como lo dijo el Canciller
de Alfonsín, Dante Caputo, “lo que queríamos era construir un núcleo política
con mayor capacidad para promover nuestros intereses en ese mundo tan asimétrico
en su distribución de poder.” (Caputo, 2015, 142)
La integración con
Brasil se originó con los tratados firmados por Sarney y Alfonsín, y se
consolidó con la formación del MERCOSUR. Fue la llamada
Declaración de Foz Iguazú de noviembre de 1985 que comprendían: la promoción
del mercado común entre ambos países que se podía ampliar a otros de América
del Sur; aumentar el poder política y de negociación por un sistema de consulta
previa; alcanzar al máximo de autosuficiencia en materias primas críticas,
inversiones y bienes de capital; sustituir al dólar como moneda de intercambio;
intensificar y permitir la cooperación científico-tecnológica principalmente en
biotecnología, energía nuclear e infraestructura. E incluía dos acuerdos de
cooperación bilateral en el tema nuclear y la creación de una comisión mixta de
alto nivel para la cooperación y la integración (formada por cuatro
subcomisiones: economía y comercio, transporte y comunicaciones, ciencia y
tecnología y energía)
En julio de 1986 se firmó el Acta para
Integración Argentino-Brasileña que formuló el Programa para
Para esta convergencia en política
exterior entre Brasil y Argentina fueron determinantes la institucionalización
democrática y las nuevas necesidades de Brasil tras el “milagro”.
Estos acuerdos
marcaron el definitivo alejamiento del desinterés oscilante hacia la región,
predominante en la segunda posguerra. Aunque esta continuidad estuvo marcada
por una diferencia: en los ochenta la asociación buscaba fórmulas para ganar
autonomía a través de la coordinación política, y en la década siguiente se la
planteó como una escala en el proceso de globalización. Por esos motivos, este
instrumento no estuvo exento de tensiones entre sus miembros por la falta de
adecuación de políticas comunes, entre ellas el lugar de la relación con la
Casa Blanca.
Bibliografía
Caputo, Dante. 2015. Un péndulo
austral. Argentina entre el populismo y el establishment. Buenos Aires,
Capital Intelectual.
Figari, Guillermo. 1993. Pasado, presente y futuro de la política
exterior argentina. Buenos Aires, Biblos.
Figari, Guillermo. 1997. De Alfonsín a Menem. Política exterior y
globalización. Buenos Aires, Memphis.
[1] Brasil era una de las hipótesis de
conflicto, pero el acercamiento comenzó desde 1979 con el acuerdo tripartito y
en la representación en Londres durante la guerra
domingo, 6 de septiembre de 2020
HACE NOVENTA AÑOS DERROCABAN A HIPOLITO YRIGOYEN
Alejandro Simonoff
HOY SE CUMPLEN NOVENTA AÑOS DEL DERROCAMIENTO DE HIPOLITO YRIGOYEN, AQUÍ UNOS FRAGMENTOS DE MI TEXTO “UNA INTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA DEL RADICALISMO” SOBRE EL TEMA
El golpe de septiembre de 1930 marca el inicio de la decadencia de los argentinos como sociedad moderna. Los motivos son múltiples, pero creemos que el fundamental esta dado en el escaso desarrollo político de las élites dirigentes de entonces, en donde la polarización entre los yrigoyenistas y quienes no lo eran pasó a ser el eje central de la política de entonces.
Pero ¿cuáles eran los motivos para tal división? Según Halperín Donghi, los “herederos” de la tradición liberal en la Argentina fueron marginados del espectro político por su falta de representatividad. Los avances de la democracia de masas ocasionaron una frágil solución política entre la conservación de las clases propietarias, a quienes estos sectores representaban, y las exigencias de democratización por parte de las masas.[1]
Este delicado equilibrio hizo que las élites optaran por el golpe y el fraude para mantener sus privilegios. Pero si el radicalismo es también heredero de la tradición liberal argentino ¿qué es lo que pasó?
Lo que hay que resaltar es que muchas de las transformaciones que sufre el radicalismo son producto de los cambios que se operaron en el liberalismo decimonónico. En sus orígenes el radicalismo es heredero del liberalismo del siglo XIX, pero con rasgos propios, ya que es una variante solidarista. A pesar de ello, no escapó a la transformación que en este siglo se produjo en esta tradición que, como dice Eric Hobsbawm “podía desaparecer o hacerse irreconocible.”[2]
El 6 de septiembre de 1930 se instauró en el país la dictadura de Uriburu que intentó esbozar un Estado Totalitario en nuestro país. Pero la diversidad de las facciones que derribaron a Yrigoyen formaban dos grupos: quienes pretendieron un estado fascista – que hizo agua el 5 de abril de 1931, cuando el radicalismo triunfó en las elecciones para la gobernación de Buenos Aires – y quienes propusieron una democracia limitada impidiendo su concreción, saliendo victoriosos de esta puja, con grupos que estaban formados por sectores populistas muy fuertes como el del Gobernador de Buenos Aires, Manuel Fresco, quien impuso en la provincia un pequeño ensayo del proyecto corporativo.
El debilitamiento del liberalismo en sus aspectos económico y político significó su transformación: aparición en la Argentina de alternativas regulatorias de la economía (creación del Banco Central, las Juntas Reguladoras, el pacto Roca-Runciman, etc.) y, desde lo político, optaron por el fraude como forma de excluir al radicalismo.
Esta transformación afectó también al radicalismo al ser un liberalismo solidarista, aunque su eclecticismo – que tiene su origen en el krausismo - le permitió en esta década que convivieran en su seno liberales a la europea (los alvearistas), el nacionalismo democrático representado por FORJA[3] y Amadeo Sabattini[4], las ideas keynesianas y el pensamiento social demócrata[5] del Movimiento de Intransigencia y Renovación.
La ruptura constitucional de 1930 y la adopción del fraude como metodología política influyó sobre toda la vida política argentina generando un ambiente de corrupción generalizada que llevó a denominar a este período, iniciado en 1930 hasta la Revolución del 43, como la “Década Infame”. El radicalismo enfrentó esta situación de dos maneras distintas, la primera desde 1931 a 1935 con la adopción de una oposición revolucionaria y abstencionista, la llamada “abstención corta” para luego participar de las elecciones por decisión de la cúpula alvearista. Esto generó una división importante en el seno del partido, por un lado, el grupo oficialista, formado por Alvear y sus seguidores, y por otro, la oposición conformada por el sabattinismo, por FORJA, y luego tras la disolución de esta agrupación por el Movimiento Renovador de la Provincia de Buenos Aires, origen de Intransigencia y Renovación.
Dentro del radicalismo los algunos sectores antipersonalistas[6]que reingresaron al partido tras el golpe del 30, se sumaron al alvearismo y pronto tomaron la conducción partidaria realizando una política antiyrigoyenista. Con la muerte de Yrigoyen, Alvear quedó como jefe del partido. Éste buscó una oposición dentro de la legalidad, aunque, como lo dice Ciria, esta posición fue la que llevó a un desgaste del radicalismo como oposición política que redundo en la gestación del peronismo durante el gobierno de facto de la revolución del 4 de junio de 1943. Dicho en otras palabras:
... Alvear, después de todo, es la figura más representativa de la UCR como partido de oposición – al estilo francés o inglés, claro - dentro de la legalidad, una legalidad trampeada constantemente por el fraude y la discriminación...[7]
El rescate del yrigoyenismo empezó a fines de la década del 30 a partir de Sabattini, reafirmándose con algunas actitudes que toma la Convención Nacional como la de 1937 cuando regresa al planteo de que el Estado debe “contrarrestar... el poder de las oligarquías que obstaculizan el progreso.”[8]
Tras el alejamiento de FORJA del radicalismo, otro grupo asumió la oposición partidaria, formado también por jóvenes – algunos habían pasado por aquella como Del Mazo y Dellepiane -, otros no –como Lebensohn, Balbín, Frondizi, etc.-. Iniciaron su enfrentamiento con la conducción alvearista, a través del grupo de Intransigencia y Renovación.
Durante la década del 30 y principios del 40 se produjeron cambios sustanciales en la sociedad argentina como que los trabajadores industriales crecieron considerablemente alrededor de Buenos Aires, agudizando el problema del desequilibrio espacial del país. Esto no fue percibido por los partidos mayoritarios de entonces, y sí por quienes –o algunos de ellos- condujeron la revolución de 1943, que justo es reconocerlo hicieron cabida a los reclamos de este nuevo sector. Pero como lo califica Rouquié era “militarista y antipartidario.”[9]
Producto de esos importantes cambios sociales y económicos ocurridos en los años treinta, las vinculaciones entre la política y la corrupción, además de las erróneas decisiones políticas que la conducción alvearista generaron las condiciones para el ascenso al poder de un nuevo movimiento político, el peronismo.[10]La Segunda Guerra Mundial acelera el proceso de industrialización por el de sustitución de importaciones que cambia la estructura productiva y creó una nueva realidad social.
Notas
[1] HALPERIN DONGHI, Tulio. “Liberalismo argentino y liberalismo mexicano: dos destinos divergentes” [En: El espejo de la historia. Problemas argentinos y perspectivas latinoamericanas.Buenos Aires, Sudamericana, 1987], 163.
[2] HOBSBAWM, Eric J. La era del Imperio. Barcelona, Labor, 1987, 331.[1] FORJA (Fuerza de orientación Radical de la Joven Argentina): grupo de jóvenes opositores a la política de Alvear desde el partido; con un fuerte contenido contestatario con respecto a la situación del país con Gran Bretaña, principales denunciantes del fraude y la corrupción que se vivía por esos años. Se reconocen dos épocas una desde su fundación en 1935 hasta 1940, en donde se mantuvieron dentro del radicalismo y luego de esta etapa hasta el 17 de octubre de 1945 cuando se incorporan al peronismo.
[3] FORJA (Fuerza de orientación Radical de la Joven Argentina): grupo de jóvenes opositores a la política de Alvear desde el partido; con un fuerte contenido contestatario con respecto a la situación del país con Gran Bretaña, principales denunciantes del fraude y la corrupción que se vivía por esos años. Se reconocen dos épocas una desde su fundación en 1935 hasta 1940, en donde se mantuvieron dentro del radicalismo y luego de esta etapa hasta el 17 de octubre de 1945 cuando se incorporan al peronismo.
[4] SABATTINISMO: Movimiento político acaudillado por Amadeo Sabattini, quien era gobernador de Córdoba y tras la muerte de Yrigoyen aspiraba a sucederlo.
[5] Basta leer a Moisés LEBENSOHN. Problemas del radicalismo y El radicalismo frente a una definición vital. Buenos Aires, Comisión de Homenaje, 1953.
[6] Luego tomaron el nombre de unionismo, por impulsar la Unión Democrática en 1946. Estuvieron al frente del partido desde la muerte de Marcelo de Alvear hasta 1946, perdurando hasta ya entrado los años 60.
[7] CIRIA, Alberto. Partidos y Poder en la Argentina Moderna (1930-1946). Buenos Aires, Hyspamérica, 1985, 174.
[8] ACUÑA, Marcelo. De Frondizi a Alfonsín. Buenos Aires, CEAL, 254.
[9] ROUQUIE, Alain. Poder militar y sociedad política en la Argentina. Buenos Aires, Emecé, 1982, II, 341.
[10] No intentamos rastrear su génesis solamente indicamos algunas causas muy generales, por cierto.
[11] MOVIMIENTO DE INTRANSIGENCIA Y RENOVACIÓN (MIR): movimiento, fundado hacia 1946, que derrotó al Unionismo de la conducción partidaria, su importancia radica por el precedente ideológico que aportó a la UCR, entre documentos básicos. La Profesión de Fe Doctrinaria, Las bases Doctrinaria, Las Bases de Acción Política y la Declaración de Avellaneda.






