viernes, 12 de marzo de 2021

Nueva publicación "Argentina en el mundo ¿ideas y vueltas?" en la Revista Cadernos de Campo: revista de ciencias sociales de mis queridos amigos de la UNESP.
https://periodicos.fclar.unesp.br/cadernos/issue/view/812

domingo, 14 de febrero de 2021

Con motivo del fallecimiento de ex Presidente Carlos Menem, comparto con ustedes una nota que escribí en 1998 sobre las implicancias de la participación argentina en la Guerra del Golfo en la revista Convicción en el desarrollo social y la democracia.

Tapa Revista Humor 1992


TAMBORES DE GUERRA: LA ARGENTINA FRENTE A LA NUEVA CRISIS DEL GOLFO

La decisión del Poder Ejecutivo Nacional de enviar tropas, por segunda vez al Golfo Pérsico es una decisión que debe ser meditada por el conjunto de la sociedad. Por ese motivo nuestra Constitución es sabia al delegar al Congreso de la Nación la aprobación del envío de tropas, esta decisión debe ser una decisión de Estado.
La Argentina hasta 1991 tuvo como una de sus características de nuestra política exterior, el ser neutral en aquellos conflictos que no la involucraban directamente. Desde sus orígenes la Argentina ha participado de pocos conflictos internacionales (la Guerra de la Independencia, contra el Brasil, contra la Confederación Peruano-Boliviana y contra el Paraguay en el siglo pasado y la Guerra de Malvinas en el actual) y se negó a participar en las Guerra Mundiales de este siglo. Esta conducta histórica explica el privilegio hacia las soluciones pacificas de los conflictos.
Este cambio de actitud responde al privilegio exclusivo que el gobierno tiene de la relación con Estados Unidos. La primera intervención argentina el Golfo Pérsico es un reflejo de esta relación especial. El gobierno fijó esta posición como muestra de su voluntad de acercarse temáticamente a la agenda norteamericana. El motivo de esta decisión era el pregonado alineamiento. Esta intervención tuvo consecuencias negativas, como, por ejemplo, los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA, cuyas consecuencias aun continúan. (GARCIA DEL SOLAR, Lucio: "Con el Embajador..." , en Revista de Relaciones Internacionales, N° 11, La Plata, Junio-Noviembre de 1996, p. 26)
El abandono del principio de no beligerancia se complementaría con los supuestos beneficios que el modelo de inserción con los Estados Unidos otorgaría.
Nos parece importante para fundamentar nuestra posición analizar dos aspectos: el desarrollo de la crisis y la actitud del gobierno frente ella.
Desde el fin de la guerra del Golfo, las Naciones Unidas impusieron a Irak una serie de limitaciones a sus arsenales de armas de destrucción masiva y se producen restricciones en la venta de petróleo, el cual es adquirido solo para ayuda humanitaria; el régimen iraquí constantemente ha puesto trabas a las inspecciones de las Naciones Unidas en función de las limitaciones armamentísticas. Y esta actitud prolonga la restricción de la venta de petróleo generando una difícil situación en la población de ese país, sobre todo los niños.
Sumado a ello, la negativa de Sadam Hussein a democratizar, a respetar a las minorías étnicas, a los controles de armas, como así también la necesidad de terminar las restricciones comerciales es el eje del debate. La gestión del Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, que destrabó el conflicto, muestra la voluntad de la comunidad internacional de buscar los mecanismos diplomáticos para solucionar todos estos problemas por la vía pacífica, y esa debe ser la opción a la que la Argentina contribuya por su historia y por su futuro.
En este juego, es un secreto a voces, que la disputa no solo encierra los problemas descriptos sino también generar las condiciones para que Estados Unidos maneje los recursos petroleros en Medio Oriente.
A diferencia del anterior conflicto donde los norteamericanos emergían como única potencia a finales de la Guerra Fría y podían imponer a los otros países, y a las Naciones Unidas sus decisiones. El actual no cuenta con el apoyo de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ya que solo Estados Unidos y el Reino Unido apoyan la solución militar, el resto (Francia, Rusia y China) trabajan por una solución pacifica del problema.
En el caso de Francia y Rusia, la primera:
… espera recuperar los 4.000 millones de dólares que Hussein le debe, Rusia aguarda la devolución de otros 7.000 millones prestados en los viejos tiempos. Pero también hay razones políticas. Tanto París como Moscú..., intenta(n) recuperar su influencia para poder dar batalla en la cruel guerra e mercados del próximo milenio. (ITURBE, Rosalía: "El Tesoro de la discordia", en Noticias. Buenos Aires, N°1103, 14 de Febrero de 1998, p. 117)
Desde lo político China, además de Rusia intentan romper la hegemonía de los Estados Unidos y sentar las bases de un orden multipolar, cosa que no desagrada a los europeos.
Otro dato que no es menor, es que estos conflictos en el Golfo, como también lo fue la Guerra de Malvinas, son los que presagian las guerras del próximo siglo entre países desarrollados y subdesarrollados. Estos últimos buscan mecanismo para defenderse de la dominación económica y política que los países desarrollados les imponen con restricciones tecnológicas, por eso intentan sus propios caminos. Ante esto los países del sur han intentado fortalecer una política de desarrollo tecnológico (como la India, Egipto, Brasil, etc.) y otros las han abandonado para subordinarse a los intereses de las potencias (como lo ha hecho la Argentina).
Si esta es la situación, ¿Qué rol le cabe a la Argentina? El gobierno argentino decidió unilateralmente enviar tropas, no importa cual sea su forma; lo primero que hay que aclarar es que este envío de tropas es que no son los contingentes de paz de Naciones Unidas, sino un acto de agresión hacia Irak por parte de Estados Unidos, ya que no existe resolución de ese organismo en tal sentido.
Pero la pregunta debe ser, ¿tenemos los mismos objetivos que Estados Unidos? Obviamente que no. Un país como el nuestro no puede tener una agenda diplomática similar a una gran potencia, el motivo de esta decisión era el pregonado alineamiento. Los ejes de dicha relación son: el impacto psicológico en la tradicional cultura argentina con respecto a los norteamericanos; la iniciativa de este cambio proviene del gobierno argentino y no de la administración estadounidense; la capacidad de la diplomacia de aquel para influir sobre la política domestica, y el hecho de establecer distintas estrategias de negociación en los ámbitos de subsidios, patentes medicinales, política misilística y nuclear.
Los impulsores de esta política hablan de una alianza con Estados Unidos, pero como lo aclara Figari, no existe esta alianza, ya que:
Debemos distinguir en las relaciones centro-periferia no se trata de alianza, sino de relaciones jerárquicas. Las alianzas se realizan con aquellos que tienen las mismas capacidades, valores e intereses. (FIGARI, Guillermo: De Alfonsín a Menem. Política exterior y globalización, Buenos Aires, Memphis, 1997, p. 19)
El abandono del principio de no beligerancia tendría beneficios que el modelo de inserción propuesta con los Estados Unidos otorgaría.
Los resultados económicos de esta políticas no muestran que el comercio exterior o las inversiones con los Estados Unidos hayan crecido proporcionalmente, incluso en el primeros de los ítems decreció.
Los beneficios se encuentran en la estrategia político-militar con ese país. Los Estados Unidos propusieron la integración de la Argentina como aliado extra OTAN, de carácter meramente simbólico. Nuestro país con esa incorporación tendría los siguiente beneficios: permitir la participación en las licitaciones del Departamento de Estado; otorgar prioridad para comprar de excedentes militares norteamericanos; habilitar el acceso a un fondo para proyectos conjuntos para investigación y desarrollo de tecnología anti terrorista; y posibilitar la recepción de materiales a préstamo. (O’DONNELL, María: “El gobierno analiza los costos de una alianza extra NATO”, en La Nación. Buenos Aires, 29 de Mayo de 1997, p. 9) Esta situación generó problemas con el Brasil – quien pelea por una banca permanente en el Consejo de Seguridad - y Chile que continúa su renovación militar. La OTAN tampoco se expidió respecto del conflicto.
Desde el punto de vista político esta decisión traer tensiones en el Mercosur, ya que Brasil no participó en la anterior y no participar del actual conflicto y podría traer nuevos incidentes sobre nuestro propio territorio.
El alineamiento con Estados Unidos es ideológico y tiene que ver con la percepción de un mundo regido por esta nación. Los resultados han sido muy magros y trajeron consecuencias sobre las estrategias hacia otras áreas del mundo. Incluso, creando turbulencias en el más importante logro de esta gestión que es la formación de un mercado común con Paraguay, Brasil y Uruguay.
La relación con Estados Unidos está cambiando producto de un sinnúmero de procesos que se han desarrollado desde el año 1995. Como lo señala Figari, se conforma una nueva etapa en esta relación por el fracaso de la estrategia de las relaciones carnales, lo que la define es la acción norteamericana donde esta replantea:
… sus relaciones en el Cono Sur, prefiriendo como aliados principales al estabilizado Brasil de Cardozo, convertido eventualmente en un Estado pívot, y la invitación realizada a Chile de participar en el NAFTA... (FIGARI, Guillermo: De Alfonsín a Menem. Política exterior y globalización. Buenos Aires, Memphis, 1997, p. 23)
Los cambios en el equilibrio de poder mundial es un dato a tener en cuenta en la decisión, ya que los Estados Unidos no están en condiciones de imponer su voluntad a sus aliados del anterior conflicto.
Las actitudes norteamericanas que a pesar del sinnúmero de esfuerzos realizados por el gobierno de Menem (alejamiento de No Alienados, destrucción del misil Cóndor II, participación en la anterior Guerra del Golfo, etc.) no recibió un reconocimiento importante, y estas acciones tienden a complicar otras áreas de interés, como el regional.
El gobierno con este seguidismo confunde los intereses estratégicos de las potencias con los propios que obviamente no pueden ser los mismos, es necesario definir las propias acciones que la Argentina debe llevar en el escenario internacional, junto con aquellos países con intereses comunes.
Dada la complejidad de factores, que hemos resumido muy brevemente, y que marcan la inconveniencia política de la participación como también la restricción constitucional, que es el elemento de más peso para nosotros. Esta decisión, como muchas relacionadas con la política exterior, no puede estar librada al mandatario de turno porque es estructural, y debe ser debatida por todos los sectores, ya que tiene consecuencias para el futuro, y en eso pensaban los constituyentes cuando le otorgaron esas atribuciones al Congreso y no al Presidente. Menem debería pensar más en políticas exteriores que exigen consenso y diálogo y no el apuro de un seguidismo que no nos lleva a ningún lado.

viernes, 1 de enero de 2021

 En el primer día del año he recibido con gran alegría mi publicación "Pandemia y vinculaciones con el mundo" en la revista del IRI, es la número 100 que he realizado en revistas académicas, muy feliz con ello.


lunes, 30 de noviembre de 2020

 35 años de la Declaración de Foz y la alianza argentino-brasileña



Dr. Alejandro Simonoff

Desde su creación el Mercosur se constituyó en un útil instrumento de política exterior argentina para permitirle a las diversas administraciones sortear las tensiones generadas en el triángulo con Estados Unidos y Brasil en el que se hallaba inmersa.

Este esquema triangular fue producto de una “maduración conceptual” de nuestra política exterior donde el rol de Alfonsín fue determinante por dos cuestiones fundamentales que la habían caracterizado hasta ese momento: 1) no puede existir una oposición visceral, ni un alineamiento acrítico hacia los Estados Unidos; y, 2) el impulso de una política cooperativa hacia América Latina, con eje en Brasil. (Figari, 1993)

La primera cuestión se orientó a hacia construir una relación madura con Estados Unidos, con un punto de equilibrio entre los modelos occidentalista y latinoamericanistas que confrontaron durante gran parte de la Guerra Fría. Pero esta nueva orientación no sería completa sin tener en cuenta la nueva disposición cooperativa hacia la región con acento en Brasil, cosa que en el pasado no ocurría, ya que las primeras presumían la confrontación regional.

Si existió un elemento de continuidad en la política exterior argentina desde 1983, este fue la estructura triangular que puso al tope de nuestra agenda a Washington y Brasilia -utilizándolos como contrapesos-, en un marco predominantemente cooperativo, dejando a un lado las oscilaciones del pasado.

Las diferencias estuvieron en los sentidos en los que se utilizó dicho triángulo, con dos tendencias predominantes: la primera, la autonomista, que consistió en buscar márgenes de maniobra en el escenario internacional, como ocurrió durante los gobiernos de Alfonsín, Duhalde, Kirchner y Fernández de Kirchner que apuntaron a establecerlas con países de similares recursos y valores; y la segunda, las occidentalista o que privilegió la relación con la potencia hegemónica, en las administraciones de Menem y de la Rúa. Si bien en principio las administraciones de Mauricio Macri y Alberto Fernández pueden ser ubicadas como globalista y autonomista, respectivamente, el nuevo marco lleva a repensar tanto las estrategias como los instrumentos para su concreción.

Inicialmente existieron fuertes condicionantes, como el endeudamiento que generó la necesidad de acercarse a Washington para conseguir apoyo financiero, ya sea unilateral o de los organismos multilaterales que controla, lo que ocasionó una tensión en la búsqueda de un mayor marco autonómico. La primera opción también tuvo sus dificultades, ya sea por las transformaciones del sistema internacional, o por los de algún actor relevante para éste, como Brasil, y que nos pueda llevar hacia una “doble dependencia”. (Figari, 1997)

La relación con Brasil, debemos verla en el marco de un proceso de integración selectiva que reconoció un mismo origen con el giro realista de 1985: el fracaso del Consenso de Cartagena para el tratamiento de la deuda externa. Para que existiera el Mercosur fue necesario la construcción de una alianza entre Argentina y Brasil, que más allá de las cuestiones económicas y comerciales que sostuvieron su base material, [1] como lo dijo el Canciller de Alfonsín, Dante Caputo, “lo que queríamos era construir un núcleo política con mayor capacidad para promover nuestros intereses en ese mundo tan asimétrico en su distribución de poder.” (Caputo, 2015, 142)

La integración con Brasil se originó con los tratados firmados por Sarney y Alfonsín, y se consolidó con la formación del MERCOSUR. Fue la llamada Declaración de Foz Iguazú de noviembre de 1985 que comprendían: la promoción del mercado común entre ambos países que se podía ampliar a otros de América del Sur; aumentar el poder política y de negociación por un sistema de consulta previa; alcanzar al máximo de autosuficiencia en materias primas críticas, inversiones y bienes de capital; sustituir al dólar como moneda de intercambio; intensificar y permitir la cooperación científico-tecnológica principalmente en biotecnología, energía nuclear e infraestructura. E incluía dos acuerdos de cooperación bilateral en el tema nuclear y la creación de una comisión mixta de alto nivel para la cooperación y la integración (formada por cuatro subcomisiones: economía y comercio, transporte y comunicaciones, ciencia y tecnología y energía)

En julio de 1986 se firmó el Acta para Integración Argentino-Brasileña que formuló el Programa para la Integración y Cooperación Económica (PICE) con doce protocolos, que llegaron a ser 21, 18 funcionaron y uno fue rechazado (producción de material bélico) pero funcionaron bien los de bienes de capital que fue el más auspicioso al inicio y el de trigo (Argentina se cubrió de otras compras de Brasil como Canadá, Estados Unidos y Francia).

Para esta convergencia en política exterior entre Brasil y Argentina fueron determinantes la institucionalización democrática y las nuevas necesidades de Brasil tras el “milagro”.

Estos acuerdos marcaron el definitivo alejamiento del desinterés oscilante hacia la región, predominante en la segunda posguerra. Aunque esta continuidad estuvo marcada por una diferencia: en los ochenta la asociación buscaba fórmulas para ganar autonomía a través de la coordinación política, y en la década siguiente se la planteó como una escala en el proceso de globalización. Por esos motivos, este instrumento no estuvo exento de tensiones entre sus miembros por la falta de adecuación de políticas comunes, entre ellas el lugar de la relación con la Casa Blanca.

Bibliografía

Caputo, Dante. 2015. Un péndulo austral. Argentina entre el populismo y el establishment. Buenos Aires, Capital Intelectual.

Figari, Guillermo. 1993. Pasado, presente y futuro de la política exterior argentina. Buenos Aires, Biblos.

Figari, Guillermo. 1997. De Alfonsín a Menem. Política exterior y globalización. Buenos Aires, Memphis.

 



[1] Brasil era una de las hipótesis de conflicto, pero el acercamiento comenzó desde 1979 con el acuerdo tripartito y en la representación en Londres durante la guerra

domingo, 6 de septiembre de 2020

 HACE NOVENTA AÑOS DERROCABAN A HIPOLITO YRIGOYEN



Alejandro Simonoff

HOY SE CUMPLEN NOVENTA AÑOS DEL DERROCAMIENTO DE HIPOLITO YRIGOYEN, AQUÍ UNOS FRAGMENTOS DE MI TEXTO “UNA INTERPRETACIÓN DE LA  HISTORIA DEL RADICALISMO” SOBRE EL TEMA

El golpe de septiembre de 1930 marca el inicio de la decadencia de los argentinos como sociedad moderna. Los motivos son múltiples, pero creemos que el fundamental esta dado en el escaso desarrollo político de las élites dirigentes de entonces, en donde la polarización entre los yrigoyenistas y quienes no lo eran pasó a ser el eje central de la política de entonces.

Pero ¿cuáles eran los motivos para tal división? Según Halperín Donghi, los “herederos” de la tradición liberal en la Argentina fueron marginados del espectro político por su falta de representatividad. Los avances de la democracia de masas ocasionaron una frágil solución política entre la conservación de las clases propietarias, a quienes estos sectores representaban, y las exigencias de democratización por parte de las masas.[1]

Este delicado equilibrio hizo que las élites optaran por el golpe y el fraude para mantener sus privilegios. Pero si el radicalismo es también heredero de la tradición liberal argentino ¿qué es lo que pasó?

Lo que hay que resaltar es que muchas de las transformaciones que sufre el radicalismo son producto de los cambios que se operaron en el liberalismo decimonónico. En sus orígenes el radicalismo es heredero del liberalismo del siglo XIX, pero con rasgos propios, ya que es una variante solidarista. A pesar de ello, no escapó a la transformación que en este siglo se produjo en esta tradición que, como dice Eric Hobsbawm “podía desaparecer o hacerse irreconocible.”[2]

El 6 de septiembre de 1930 se instauró en el país la dictadura de Uriburu que intentó esbozar un Estado Totalitario en nuestro país. Pero la diversidad de las facciones que derribaron a Yrigoyen formaban dos grupos: quienes pretendieron un estado fascista – que hizo agua el 5 de abril de 1931, cuando el radicalismo triunfó en las elecciones para la gobernación de Buenos Aires – y quienes propusieron una democracia limitada impidiendo su concreción, saliendo victoriosos de esta puja, con grupos que estaban formados por sectores populistas muy fuertes como el del Gobernador de Buenos Aires, Manuel Fresco, quien impuso en la provincia un pequeño ensayo del proyecto corporativo.

El debilitamiento del liberalismo en sus aspectos económico y político significó su transformación: aparición en la  Argentina de alternativas regulatorias de la economía (creación del Banco Central, las Juntas Reguladoras, el pacto Roca-Runciman, etc.) y, desde lo político, optaron por el fraude como forma de excluir al radicalismo.

Esta transformación afectó también al radicalismo al ser un liberalismo solidarista, aunque su eclecticismo – que tiene su origen en el krausismo - le permitió en esta década que convivieran en su seno liberales a la europea (los alvearistas), el nacionalismo democrático representado por FORJA[3] y Amadeo Sabattini[4], las ideas keynesianas y el pensamiento social demócrata[5] del Movimiento de Intransigencia y Renovación.

La ruptura constitucional de 1930 y la adopción del fraude como metodología política influyó sobre toda la vida política argentina generando un ambiente de corrupción generalizada que llevó a denominar a este período, iniciado en 1930 hasta la Revolución del 43, como la “Década Infame”. El radicalismo enfrentó esta situación de dos maneras distintas, la primera desde 1931 a 1935 con la adopción de una oposición revolucionaria y abstencionista, la llamada “abstención corta” para luego participar de las elecciones por decisión de la cúpula alvearista. Esto generó una división importante en el seno del partido, por un lado, el grupo oficialista, formado por Alvear y sus seguidores, y por otro, la oposición conformada por el sabattinismo, por FORJA, y luego tras la disolución de esta agrupación por el Movimiento Renovador de la Provincia de Buenos Aires, origen de Intransigencia y Renovación.

Dentro del radicalismo los algunos sectores antipersonalistas[6]que reingresaron al partido tras el golpe del 30, se sumaron al alvearismo y pronto tomaron la conducción partidaria realizando una política antiyrigoyenista. Con la muerte de Yrigoyen, Alvear quedó como jefe del partido. Éste buscó una oposición dentro de la legalidad, aunque, como lo dice Ciria, esta posición fue la que llevó a un desgaste del radicalismo como oposición política que redundo en la gestación del peronismo durante el gobierno de facto de la revolución del 4 de junio de 1943. Dicho en otras palabras:

... Alvear, después de todo, es la figura más representativa de la  UCR como partido de oposición – al estilo francés o inglés, claro - dentro de la legalidad, una legalidad trampeada constantemente por el fraude y la discriminación...[7]

El rescate del yrigoyenismo empezó a fines de la década del 30 a partir de Sabattini, reafirmándose con algunas actitudes que toma la Convención Nacional como la de 1937 cuando regresa al planteo de que el Estado debe “contrarrestar... el poder de las oligarquías que obstaculizan el progreso.”[8]

Tras el alejamiento de FORJA del radicalismo, otro grupo asumió la oposición partidaria, formado también por jóvenes – algunos habían pasado por aquella como Del Mazo y Dellepiane -, otros no –como Lebensohn, Balbín, Frondizi, etc.-. Iniciaron su enfrentamiento con la conducción alvearista, a través del grupo de Intransigencia y Renovación.

Durante la década del 30 y principios del 40 se produjeron cambios sustanciales en la sociedad argentina como que los trabajadores industriales crecieron considerablemente alrededor de Buenos Aires, agudizando el problema del desequilibrio espacial del país. Esto no fue percibido por los partidos mayoritarios de entonces, y sí por quienes –o algunos de ellos- condujeron la revolución de 1943, que justo es reconocerlo hicieron cabida a los reclamos de este nuevo sector. Pero como lo califica Rouquié era “militarista y antipartidario.”[9]

Producto de esos importantes cambios sociales y económicos ocurridos en los años treinta, las vinculaciones entre la política y la corrupción, además de las erróneas decisiones políticas que la conducción alvearista generaron las condiciones para el ascenso al poder de un nuevo movimiento político, el peronismo.[10]La Segunda Guerra Mundial acelera el proceso de industrialización por el de sustitución de importaciones que cambia la estructura productiva y creó una nueva realidad social.

Notas

[1] HALPERIN DONGHI, Tulio. “Liberalismo argentino y liberalismo mexicano: dos destinos divergentes” [En: El espejo de la historia. Problemas argentinos y perspectivas latinoamericanas.Buenos Aires, Sudamericana, 1987], 163.

[2] HOBSBAWM, Eric J. La era del Imperio. Barcelona, Labor, 1987, 331.[1] FORJA (Fuerza de orientación Radical de la Joven Argentina): grupo de jóvenes opositores a la política de Alvear desde el partido; con un fuerte contenido contestatario con respecto a la situación del país con Gran Bretaña, principales denunciantes del fraude y la corrupción que se vivía por esos años. Se reconocen dos épocas una desde su fundación en 1935 hasta 1940, en donde se mantuvieron dentro del radicalismo y luego de esta etapa hasta el 17 de octubre de 1945 cuando se incorporan al peronismo.

[3] FORJA (Fuerza de orientación Radical de la Joven Argentina): grupo de jóvenes opositores a la política de Alvear desde el partido; con un fuerte contenido contestatario con respecto a la situación del país con Gran Bretaña, principales denunciantes del fraude y la corrupción que se vivía por esos años. Se reconocen dos épocas una desde su fundación en 1935 hasta 1940, en donde se mantuvieron dentro del radicalismo y luego de esta etapa hasta el 17 de octubre de 1945 cuando se incorporan al peronismo.

[4] SABATTINISMO: Movimiento político acaudillado por Amadeo Sabattini, quien era gobernador de Córdoba y tras la muerte de Yrigoyen aspiraba a sucederlo.

[5] Basta leer a Moisés LEBENSOHN. Problemas del radicalismo y El radicalismo frente a una definición vital. Buenos Aires, Comisión de Homenaje, 1953.

[6] Luego tomaron el nombre de unionismo, por impulsar la Unión Democrática en 1946. Estuvieron al frente del partido desde la muerte de Marcelo de Alvear hasta 1946, perdurando hasta ya entrado los años 60.

[7] CIRIA, Alberto. Partidos y Poder en la Argentina Moderna (1930-1946). Buenos Aires, Hyspamérica, 1985, 174.

[8] ACUÑA, Marcelo. De Frondizi a Alfonsín. Buenos Aires, CEAL, 254.

[9] ROUQUIE, Alain. Poder militar y sociedad política en la Argentina. Buenos Aires, Emecé, 1982, II, 341.

[10] No intentamos rastrear su génesis solamente indicamos algunas causas muy generales, por cierto.

[11] MOVIMIENTO DE INTRANSIGENCIA Y RENOVACIÓN (MIR): movimiento, fundado hacia 1946, que derrotó al Unionismo de la conducción partidaria, su importancia radica por el precedente ideológico que aportó a la UCR, entre documentos básicos. La Profesión de Fe Doctrinaria, Las bases Doctrinaria, Las Bases de Acción Política y la Declaración de Avellaneda.

viernes, 4 de septiembre de 2020

 Mi exposición en el Ciclo de Diálogos "Pensar la Unidad Sudamericana hoy" organizado por el Observatorio del Sur Global, sobre los dilemas de la autonomía hoy.



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